dimecres, 30 de gener de 2013

Una brújula sinsentido

Quien me conozca sabrá que uno de mis hobbies principales, mi vicio básico por decirlo de alguna forma, es el cine. No tengo demasiados vicios. No fumo y suelo salir poco (aunque cuando lo hago...). Así que mis gastos de ocio se van casi por completo yendo al cine. Últimamente demasiado, podría decir. Pero no venía a hablar de cine, aunque sí de una frase que me hizo reflexionar de la última que vi en la gran pantalla. Una frase que recitaba Daniel Day-Lewis en la nominada "Lincoln". 

Hablaba sobre la necedad de obcecarse en seguir la dirección que marca la brújula. Una brújula marca el norte y por tanto el dónde; pero no marca el cómo llegar, el camino a recorrer. Si nos empecinamos en seguir la única indicación de la brújula podemos tropezar con baches, zanjas y desniveles; desestimando que el camino correcto igual tiene una senda escondida. Del mismo modo podemos decir que tal y como puede haber fosos, pueden haber personas en nuestro metafórico recorrido. Y para llegar hasta donde queremos llegar, no hace falta pisarlos ni pasar por encima. Tampoco debemos olvidar el camino. Pero en ocasiones insistir en hacerlo corto, es un error.

Nuestra brújula señala al norte. La meta. Considero el idealismo como meta, como propósito último, como culminación de la mejora de nuestro entorno, de nuestros propios deseos. Pero tampoco ese camino se debe recorrer con las anteojeras de los caballos puestas. Hay que saber que al fin último, aunque sea una aspiración lícita, no siempre se llega en línea recta pisando delante nuestro lo que haya. Hay veces que necesitamos madurar el camino. Aprender de nuestros propios errores para que ese proyecto tenga una base sólida. No perder de vista dónde queremos llegar. Pero madurando cada pequeño paso que damos. Una buena mejora idílica, efímera por no tener el suficiente sustento, es igual de inútil que no tenerla. Peor aún, quizá. Sabemos que la hemos palpado, pero tenemos en el corazón la tristeza de no haberla conservado.

Me preocupa que la gente se marque objetivos y los abandone (realmente me preocupan más aquellos que ni tienen aspiraciones, aunque sean banales y/o triviales, a decir verdad). Pero es triste saber de mucha gente que tiene una idea fija en la cabeza y no la abandona, a pesar de saber que no es la mejor opción para llegar a su meta. 

Me preocupa aquel que para conseguir un avance social, se centra como único objetivo y punto de discusión el conseguirla o no; puesto que tal vez no sepa que para que la sociedad avance tenga que dar pasos breves y concisos; puesto que tal vez de partida no tienen la suficiente base como para llegar al destino de golpe.

Me preocupan aquellos que proponen cosas, pero que no están dispuestos a recorrer ni un ápice ese mismo trayecto que quieren que empiecen otros.

Me preocupa aquel que en pro de una idea bucólica y lícita, se salta todo protocolo ético y moral.

Como pequeña moraleja, es que creo que cada uno de nosotros debemos mirar al norte en compañía de nuestra teórica brújula, perseguir nuestras ambiciones o las de nuestra sociedad y sin perder el objetivo final. Pero necesitamos conseguirlo sin querer tomar el atajo prohibido, sin tener que pisar a nadie y sin tener que caer en la zanja de lo vedado. Seguir la brújula sin más para llegar a nuestro destino, es en ocasiones un sinsentido...

dilluns, 21 de gener de 2013

"Obscenidad política" ó "Algo huele a podrido en Dinamarca"

Pasamos estos días entre dimes y diretes con la noticia política más morbosa de los últimos tiempos. No me aventuro a poner una fecha respecto a "últimos tiempos", pero consideraría que "años". El "caso Bárcenas" ocupa portadas, titulares y opiniones. Sin duda es una cuestión que de resolverse tal y como se explica, se trata de una bomba. Y en los tiempos que pasan, no estamos ni para tirar medio petardo. Perdónenme la expresión, pero el asunto huele a mierda a la legua. Y si quieren que sea más fino, puedo citar a Hamlet de Shakespeare: "algo huele a podrido en Dinamarca".

Parecer ser que se era un tesorero de un partido político que, cual Ratoncito Pérez, dejaba sobres con dinero a modo de sobresueldos en caja "B" a diestro y siniestro. Una práctica habitual según algunos miembros de ese mismo partido, inexistente para sus dirigentes actuales. Sea por acción, omisión o desconocimiento de lo que pasa en su casa; la presidencia y dirección de ese Partido debería de ser duramente castigado. Aunque, ¿qué quieren que les diga?. Estoy convencido que Mariano estaría al tanto de tales prácticas. No creo que una costumbre dirigida desde hace, según dicen, cerca de 20 años fuera del absoluto desconocimiento de sus dirigentes.

Hablaba en el título de este post de "obscenidad política". Y podría llegar a serlo de forma mayúscula. Hay una Ley que se ha comentado, discutido y criticado largo tiempo, la de la Amnistía Fiscal. Aquella por la cual una empresa podía regularizar dinero negro sin más preguntas. Y se tiene conocimiento, por parte del propio abogado del tipo éste, que Bárcenas la ha aprovechado para blanquear nada menos que diez millones de euros. La pregunta que debiera hacerse al Ministro Montoro es si esta Ley intentaba limpiar "sotto voce" la inmundicia que presuntamente tiene su Partido. El Ministro considero que debe salir y dar respuestas. No puede quedar incólume de este grave caso. Ya sabíamos que abriendo la puerta de la "Ley de Amnistía Fiscal" se colarían defraudadores y delincuentes. Lo que no sabíamos y el Ministro Montoro debiera de comparecer para aclararlo, es si él mismo tenía conocimiento de que unos de esos delincuentes habituales que se han acogido a la Ley paseaba por Génova tan campante. Y si conocía tal actuación, debiera de ser inhabilitado como Ministro de Hacienda. Eso para empezar...

Hablamos de financiación que presuntamente se obtenía con el cobro de comisiones de las obras que se realizaban en territorios que el Partito Popular gobernaba. Hablamos que el nombre de "Bárcenas" sale a la palestra por estar implicado en el "Caso Gürtel". Hablamos que el dirigente del Partido Mariano Rajoy en el 2009 dijo que "nadie podrá demostrar nunca que Bárcenas no es inocente". Estamos hablando de un partido que pagó el abogado defensor del mismo durante largo tiempo. Hablamos del partido que favorece a los grandes defraudadores pero que al mismo tiempo recurre al copago farmacéutico. Del partido que utiliza todos los medios del Ministerio de Exteriores para sacar un militante que jugaba a James Bond y lo pone a sueldo a base de 50.000 euros al año, (evidentemente sin el mismo fervor e interés que debiera de tener por los otros 2000 y pico españoles que andan por cárceles de medio mundo encerrados...). Obsceno.

Igual de impúdico que todos los demás casos que se están conociendo o que se han conocido. De unos y otros partidos. Propios y extraños. Recordamos el "caso Naseiro", el de Jaume Matas en Baleares, el de las "tragaperras" del PNV o el nuevo "caso Pallerols" de Unió Democràtica de Catalunya. En los años '90 con el caso "Filesa" fueron personas de mi propio partido los que fueron juzgados y procesados. ¿Procesarán y detendrán a todos los demás que estén implicados en estas graves acusaciones si se demuestran?.

Somos una gran cantidad de personas las que nos interesamos por la política, por hacer cosas en nuestro pueblo, comunidad o país. Muchos son los que no cobran o cobran muy poco (por ejemplo, un amigo mío concejal de un pueblo percibe 6€ al mes por su trabajo). Gente que se desvive por hacer de su entorno un espacio de convivencia mejor. Que intentan que sus ciudadanos se sientan más cómodos que el día anterior. Y como mayor premio de todo eso, la satisfacción de dejar una herencia mejor de la que recibió. Por eso espero que en este caso en particular, como en cualquier otro se detecte, juzgue y condene si es el caso cualquier persona que haya cometido una ilegalidad. Ya está bien de hacer pagar sobre todos los políticos, lo que hacen unos pocos aprovechados. Y en este caso en particular, dentro del Partido Popular deberán dar muchas aclaraciones, puesto que el "olor a podrido" viene desde la cúpula y se extiende hasta los sitios más recónditos de su partido. Huele a podrido, huele mucho a podrido... y aquí a nadie le "consta nada" ni pide perdón...Vergonzoso.

dimecres, 16 de gener de 2013

El arte de escuchar

Según Epícteto de Frigia, "así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar". Cuánta razón tenía. A lo largo de nuestra vida perdemos muchas oportunidades por no estar atento a lo que nos dicen. Desde cuestiones banales hasta otras de mayor importancia. Ser consciente que hay mucho que pasa a nuestro lado y que se nos escapa. 

En el ejercicio de hablar y escuchar, todos tenemos algo que aportar a ese saco común que sería el conocimiento. Unos más y otros menos, cierto. Pero hasta de los errores ajenos podemos aprender. Para poder interactuar con eficiencia, debemos tener las miras abiertas, estar interesados en las enseñanzas gratuitas que sólamente adquiriremos si somos capaces de prestar atención. Darnos cuenta de quién quiere comunicarnos algo. Sin prejuicios acerca de quién es el interlocutor. Tanto da que aquel que nos hable tenga una u otra ideología, formación, carácter, raza o estado.

Si prestamos oídos, podemos llegar a un siguiente paso. Si además de "oir", "escuchamos", es decir que interiorizamos el mensaje que se nos transmite, avanzamos de manera importante en comunicación. Si asimismo extraemos conclusiones de lo transmitido, puede servirnos como elemento imprescindible para nuestro propio aprendizaje. Estar atento a lo que nos indican, es por tanto indispensable. Debemos escuchar. Reitero, podemos aprender cosas de la persona más insospechada.Y tenemos que ser conscientes de ello. Saber que no somos más que nadie. Aprovechar consejos. Mostrarnos siempre en un estado de igualdad respecto al orador.

Para mí, y es mi humilde opinión,  tan importante como el saber hablar es el saber callar. Decir sin aportar, a menudo es sinónimo de hacer perder el tiempo. Como dice el chiste, es preferible callar y aparentar ser tonto que hablar y confirmarlo. Cada humano debería aprender a morderse la lengua en más de una ocasión, para conocer lo que representa el hablar. La palabra es poderosa. Quien maneja el lenguaje y la comprensión de las personas, obtiene mucho poder.

Esa enseñanza de la cual ahora escribo, la he puesto en práctica a lo largo de un tiempo a esta parte. Ejercité mi derecho a escuchar. A asimilar los conomientos que me dispensaban otras personas, cualesquiera fuera su edad, sexo o su preparación académica. Me gustó paladear los razonamientos de otros. Pensar en las posibles respuestas aunque posteriormente no las ejerciera. Aprendí a minusvalorar mis razonamientos. A valorar el silencio. A ser más tolerante con quien habla y no coincido. Todo eso conduce inexorablemente al mejoramiento personal.

Al mismo tiempo te das cuenta de cosas. Como por ejemplo el sorprendente número de gente que habla y no se escucha. Una auténtica pena. En una sociedad que vive de la información al segundo, donde tanta multitud aporta y discute, donde todos tienen que decir y opinar; pocas veces nos paramos a escuchar. Incluso mientras hacemos que atendemos, estamos pensando en nuestra próxima respuesta. Si nos detuviésemos un sólo segundo, cada nueva información la podríamos procesar y valorar: si nos gusta, nos reconforta, o nos desagrada. Podríamos formar nuestros propios criterios, sin depender de los razonamientos ajenos. Sin ser loros repetidores de lo escuchado. 

Gracias a ese ejercicio de contención realizado desde hace meses, creo que he mejorado en confianza hacia mí mismo. Acudo a debates con mayor seguridad. Masco las respuestas pensando en los pros y contras de mis deliberaciones. Argumentando siempre. Tendiendo puentes de diálogo. Acercando posturas. Desde el conocimiento de lo que me cuentan y la madurez de la respuesta respecto a lo que pienso de ello. Con mis propios criterios. Una bella práctica la de ejercitar el arte de escuchar. Lo recomiendo a todo el mundo.