dilluns, 18 de juny del 2012

Un camino por recorrer

Nuestra vida como un camino por recorrer, como una catedral por construir, como una piedra a la que dar forma. Voy a intentar hacer un post intimista y simbólico si me permitís, fuera de la órbita política con que suelo acompañar mis escritos.

Entendamos un trayecto como una evolución personal hacía una mejora de nuestro "yo" más íntimo. “Pas a pas, fem camí”, reza un proverbio valenciano; y ese mismo recorrido por el que avanzo, me hace madurar. Empecé el recorrido de noche, hurtando entre sombras y si maduro, si aprendo, si me mantengo alerta y si evoluciono, llegará la madrugada y la luz. Mientras tanto debo salvar los desniveles del camino, las piedras, las cuestas y las zarzas. Paso a paso cambio, puesto que me enriquezco de las vistas y del aprendizaje del terreno. Sé que si vuelvo por ese mismo camino, ya no seré el mismo, lo miraré con más confianza, con la convicción de saber por dónde tengo que pasar. Tendré más claves para poder salvar de mejor manera el terreno. Y podré acompañar como guía a otras personas que necesiten mi ayuda cuando deban recorrerlo. No andaré a tientas, sino más firme en mi travesía; puesto que a cada avance, va amaneciendo y encuentro más claridad.  

Encarno con estas palabras mi propia búsqueda de la senda correcta, del amanecer, de la luz que alumbrara mi viaje y por tanto de liberación, de libertad. Una libertad que comporta una responsabilidad. Y una responsabilidad que debe transformarse en compromiso. El paso al compromiso firme conmigo mismo y con mi entorno más cercano. Una responsabilidad entrelazada en el plano personal y profesional. Debo ser ejemplo, dando ejemplo. Y como decíamos no únicamente en el plano personal, sino en el mundo profesional, que es igual de importante. Transmitir valores válidos y vigentes como la libertad, la igualdad y la fraternidad, la tolerancia por las diferentes concepciones del mundo y la construcción de una sociedad más justa en nuestro ámbito más cercano, el de nuestro día a día. Infundir valores. Cambiar odios por acuerdos, extremos por entendimientos moderados. Cambiar la rabia por el raciocinio. El dogma por el librepensamiento.

La simpleza del que camina sin rumbo, del que avanza sin descubrir, del que sigue el redil; no es un camino por el que hayamos optado aquellos que hemos querido recorrer un sendero de mejora personal. Buscamos algo más, aunque ese más sea encontrarnos a nosotros mismos. Saber quiénes somos nos hace poseedores de la mayor de las libertades que puede tener una persona: aceptarse a sí mismo, conocer nuestras limitaciones, aceptar a nuestro prójimo y saber qué nadie nos puede doblar en nuestra vida por el mero hecho de ser como somos.

Al mismo tiempo mi libertad no me hace buscar la vida banal, puesto que a pesar de que con ello se obtienen victorias fáciles, sí; son recompensas banas, vacías de contenido. ¿Qué sentido tiene enfrentar libertad con libertinaje? ¿Acaso soy libre optando por hacer mal las cosas?, ¿No hace la práctica desmesurada de mi libertad que se pueda convertir en libertinaje; y por tanto que las malas decisiones me afecten obligándome a ser esclavo de mis actos, comportando así una pérdida de albedrío?

Es por ello que creo que mi autonomía desemboca en una profunda responsabilidad, en poder comprometerme con los demás, con mis semejantes. Tanto en mi trabajo profesional, como en el plano personal delante de mis amigos y mi familia. Una responsabilidad y un compromiso que debe acompañarme el resto de mi vida.

Un trayecto contínuo que me llevará a encontrar el sendero adecuado cuando llegue el albor de la madrugada. Yo lo he iniciado, haced uso de vuestra perseverancia, no os quedéis en el margen descansando. Hay mucho trecho por recorrer. Tanto, que nunca acabará. Una evolución personal infinita. Todo un camino por recorrer.