dimecres, 19 de setembre de 2012

In memoriam: Santiago Carrillo

Hace un tiempo escribí un post cuando faltó Don Manuel Fraga, aquel que lucía más sombras que luces durante toda su vida. Usted Don Santiago... o Santiago a secas si lo prefiere, tiene una sombra que le ha perseguido durante toda su vida. Una penumbra de la cual no pienso esconderme y tampoco discutir demasiado. Solamente me permitirá un comentario al respecto. Y es que esa derecha rancia que contamina todo lo que no gusta, lo tilda a usted de poco más que un simple asesino. Miran la paja ajena, en vez de mirarse la viga entera en el ojo propio.

Yo, como siempre hago, detesto la violencia. De base, para empezar a hablar, ya me entiende. Pero nunca podré comparar las muertes que se producen en medio de una desgraciada guerra fraticida, donde todos y todas hacen cosas que no quieren, les imponen o no les gustan... y otra bien diferente es cuando se ha acabado un conflicto armado, y hay represión, tortura, olvido, desprecio y frialdad en miles de asesinatos posteriores. De eso, podrá instruirle bastante Don Manuel, si es que se lo encuentra por allá arriba... que tanto dudo que usted quiera estar allá, como que el propio Don Manuel more entre ángeles...
 
Usted fue de los míos, de las Juventudes Socialistas, a quienes pronto por edad dejaré y a los que tanto quiero. Y le tocó vivir una época difícil. No quiero decir que esta sea poco dura, pero creo que no la podré nunca comparar con la que usted vivió. Le tocó marchar fuera para poder continuar viviendo. Lucho desde Francia, Bélgica, Rusia, Checoslovaquia... Cuánto tránsito debió de recorrer, hasta poder vislumbrar un retorno a su patria, no exento de una detención con peluca de por medio, por pensar diferente a los que aquí mandaban esa época.
 
Fue Santiago, un político de raza. De los que se desprende el arte de esto que algunos llaman "política", pero que en su caso se escribe en mayúsculas. Eso quiere decir que usted fue de los que supo renunciar a ideas fijas, para un bien mayor y que beneficiara a más conciudadanos. Fruto de ello, formó parte de la elaboración de la Constitución. Aquella Carta Magna del '78 que siempre le recuerdo que debemos de cambiar los menores de 35 años, ya que no la votamos... No se me cabree, pero creo que ha quedado un poco obsoleta. Eso sí, gracias a ella y a todos los que contribuyeron a redactarla en un ejercicio de solidaridad sin precedentes, hemos tenido un periodo de paz en esta patria como nunca se había visto.
 
Y además, sepa usted que he aprendido mucho de sus palabras. Sepa que lo seguía con interés mayúsculo en la SER desde hace tiempo, cuando apenas lo conocía por libros y esporádicas apariciones televisivas y radiofónicas anteriores. Ya sabe que soy más joven que usted y hemos sido coetáneos por suerte, a consecuencia de su dilatada existencia. Hasta el final se mantuvo lúcido, cosa que le agradezco enormemente. Y más le doy las gracias que además fuera siempre coherente. Hay gente que con 60 años menos, no mantiene esa congruencia que usted ultimamente relataba de forma lenta y espaciosa, como mascando y pensando cada palabra que salía de su mente. Tuvo la virtud de detenerme y hacerme prestarle atención cada vez que le escuchaba en una tertulia, a las que gustaba y solía acudir.
 
Con estas palabras don Santiago, quiero expresar mi más profundo pesar por su marcha. Le echaré de menos en las ondas, en mi casa. Agradezco a la providencia que se haya ido en voz baja, descansando. Allá donde esté, sé que encontrará buenos compañeros de viaje que le han precedido. Hágales buena compañía y no sea cabezota. Yo aquí, le recordaré con añoranza y con una sonrisa. Hasta siempre Santiago...